respirar

Nuestra vida se establece a partir del hecho de respirar.

Todo lo que está vivo respira manteniendo un ritmo que cambia según la actividad que estemos desarrollando.

Perdemos la capacidad de respirar con la que nacemos por estar sometidos constantemente al estrés, la ansiedad, el miedo o la autoexigencia y solo utilizamos una pequeña parte de nuestro potencial. Esto hace que nuestra respiración se vuelva deficiente y con ello merme nuestra capacidad de resistencia y bienestar general.

El control de la respiración es fuente de salud y en muchas disciplinas orientales se recoge esta influencia recíproca entre respiración y bienestar.

Yoga, Taichi o meditación comienzan realizando algunas inspiraciones profundas y conscientes. Las llaman respiraciones completas.

Estas nos relajan y mantienen en el momento presente, conscientes de la actividad que estamos haciendo y alejando nuestros pensamientos de los problemas y la vida cotidiana.

Hoy aprendemos a realizar respiraciones largas y profundas para llegado el momento, poder practicar y evitar situaciones de estrés que en poco o nada nos benefician.

Primera fase:

Sentados o recostados cómodamente, apoyamos ambas manos sobre el vientre de manera que rocen las puntas de los dedos. Cerramos los ojos y nos concentramos en las sensaciones de nuestro propio organismo.

Inhaha. Inspira el aire y deja que se hinche el vientre. Notaremos como las puntas de los dedos tienden a separarse. Llenaremos completamente los pulmones

Exhala. Al sentir los pulmones llenos de oxígeno, lentamente exhalamos vaciando primero la zona superior y ayudados por la contracción de nuestro vientre vaciar la parte inferior.

Segunda fase:

Inhala. Llenamos primero nuestro vientre dejando que dilate nuestras costillas de manera suave para más tarde llenar a fondo los pulmones.

Exhala. Primero vaciamos la parte superior de nuestros pulmones y después dejamos que se hundan nuestras costillas poco a poco, ayudados por la contracción del vientre para terminar.

Tercera fase:

Descansa una mano sobre la rodilla o cadera y la otra sobre la clavícula

Inhala. Siente como ambas manos se separan mientras se llenan vientre y pulmones de aire. Realiza una pequeña elevación de las clavículas y el esternón para tomar más aire

Exhala. Una vez llena la cavidad torácica, ve exhalando el aire poco a poco dejando que desciendan las clavículas mientras el vientre y los pulmones vuelven a su posición inicial.

Ya relajados continuaremos respirando de manera tranquila durante un par de minutos prestando atención a nuestros movimientos.

Bastan unos minutos para notar los efectos de esta respiración. Practicada varias veces a lo largo del día nos sentiremos más tranquilos y relajados para afrontar nuestras actividades diaria con otro talante.

 

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