Escuchamos hablar de antioxidantes, aunque a veces no entendemos bien su forma de actuar en  nuestro organismo.

Básicamente son compuestos procedentes de las distintas partes de los vegetales que ingerimos a diario (frutos, hojas, ramas, raíces, etc.) y que se sintetizan en el organismo.

Su presencia en los alimentos es fundamental, no solo porque activan propiedades naturales en ellos preservándolos, sino porque al ser ingeridos protegen de manera amplia y eficaz nuestra salud, previniendo el desarrollo de enfermedades tan graves como el infarto de miocardio o del sistema inmune.

Nuestras células transforman compuestos químicos como la glucosa procedente de los alimentos ingeridos, para generar la energía que necesitamos por medio de distintos mecanismos y liberando otros,los conocidos radicales libres.

En los jóvenes, estos radicales libres de oxígeno son rápidamente eliminados del interior de la célula por antioxidantes naturales, pero en enfermos crónicos o en ancianos la eliminación es peor, lo que conlleva la aparición de enfermedades crónicas, acelerando al mismo tiempo el envejecimiento.

En líneas generales, los antioxidantes presentes en los alimentos se pueden dividir en tres grandes grupos: polifenoles, carotenoides y vitaminas de los grupos C y E.

Una ingesta adecuada de frutas y verduras frescas, cereales integrales y legumbres de manera diaria y bebidas como el té verde asegurarían un envejecimiento de calidad.

Debemos tener en cuenta otros factores como el hecho de que para que los carotenoides tengan una buena absorción a nivel intestinal sea necesaria que ciertas grasas y sales biliares los liberen de la matriz que les une al alimento. De ahí que la ingesta de cierta cantidad de grasa como el aceite de oliva, aguacates o frutos secos y otras grasas saludables (3-5 gramos) sea necesaria para asegurar una buena biodisponibilidad. O que las dosis diarias de vitamina E que recomiendan los organismos científicos oscilan desde los 6 miligramos en la infancia hasta los 15 miligramos en la edad adulta y esto se logra con el consumo frecuente y variado de aceites de oliva, maíz, soja o girasol y con la de pequeñas cantidades de frutos secos como almendras, cacahuetes, avellanas o nueces (de 20 a 30 gramos diarios) además de incluir verduras como zanahorias crudas y espinacas en ensalada.

Por tanto lo mejor como siempre es solicitar una pauta alimenticia personalizada y adecuada a nuestras necesidades, edad o condición física para mejorar en calidad de vida desde la cesta de la compra.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

17 − uno =