Se definirá dislipemia o hiperlipidemia como la alteración de lípidos en sangre.

Consiste en la presencia de altos niveles de colesterol, triglicéridos o ambos a la vez, en el organismo. 

Los lípidos cumplen funciones esenciales e importantes, por ejemplo en el sistema hormonal.
El problema aparece cuando comienzan a acumularse

Un nivel alto se asocia al desarrollo de enfermedades crónicas y degenerativas, responsables de la  disminución del tiempo y calidad de vida de las personas que las padecen

Obesidad, hipertensión, diabetes mellitus, infarto agudo de miocardio o eventos vasculares cerebrales son cada vez más habituales

Los azúcares también cuentan

Curiosamente no pensamos en los hidratos de carbono simples o azúcares cuando hablamos de este tipo de enfermedades y créanme cuando les digo que tienen mucho que ver con ellas.

Tanto las grasas que consumimos como los 
azúcares”  nos sirven como fuente de energía.

En ambos casos, aquellas que no se utilizan a lo largo del día, se irán acumulando en los depósitos de grasa del organismo para ser utilizadas en caso de necesidad. 

El estilo de vida actual hace difícil que este equilibrio entre energía consumida y gastada se lleve a cabo de manera natural, por lo que la ecuación irá a favor de la acumulación y como resultado obtendremos sobrepeso.

La solución está en nuestras manos

Debemos cuidar todos los aspectos de nuestra alimentación además de seguir unas pautas sencillas y asequibles en el estilo de vida como:

  • Llevar una dieta adecuada a nuestras necesidades en las que se incluyan grasas saludables procedentes de carnes magras, pequeños pescados azules o  frutos secos
  • Hidratos de carbono procedentes de cereales integrales
  • Proteínas de alto valor biológico procedentes del huevo además de otras proteínas de calidad
  • Evitar el alcohol y el tabaco 
  • Hacer ejercicio diario moderado

El objetivo principal es bajar, a niveles normales, la concentración de ellos en sangre y evitar la multitud de problemas asociados que podrían afectarnos. 

Por tanto dediquemos un poco más de tiempo a nuestra alimentación, uno de los principales factores que condicionan nuestra salud.

La vitamina K fue descubierta por el bioquímico danés Carl Peter Henrik Dam, ganador del premio nobel en 1943. La denominó “K” por la palabra Koagulation en danés, cuya traducción al castellano es coagulación.

Para descubrir los efectos de esta sustancia realizó investigaciones con pollos, en 1929, administrándoles diferentes tipos de alimentos. Pudo comprobar que ante la falta de ciertos nutrientes se producía en dichos animales hemorragias con frecuencia.

Logró aislar el componente a partir de la alfalfa, en 1939.

No se conoce con precisión el contenido de la vitamina K en los alimentos, pero se sabe que una pequeña cantidad se halla en verduras de hoja, tomates, coles y algunas frutas.

Otra fuente importante es la flora bacteriana intestinal. Sin embargo, no se sabe con certeza en que medida se utilizan estas sustancias sintetizadas por nuestros microorganismos intestinales.

  • Vegetales de hoja verde, coles, repollo, coliflor, espinacas, té y soja.
  • Brócoli, cebolletas, espárragos e incluso perejil, son otras opciones verdes.
  • Entre las frutas, aunque en menor cantidad, la aportan la manzana verde, ciruelas secas, los arándanos y las uvas.
  • Hígado de cerdo.
  • Cereales, patatas, tomate.
  • Mantequilla, quesos.
  • Salmón, camarones cocidos o atún en aceite de oliva.
  • Anacardos, nueces y piñones.
  • Aceite de soja

Es importante tener en cuenta que su ausencia provocaría que la sangre no coagularse y con esto a la aparición de moratones y problemas de sangrado, debido a la dificultad que encuentra la sangre a su paso por las arterias.

La vitamina K colabora en la síntesis ósea y ayuda en la prevención de enfermedades cardiovasculares, por lo que resulta interesante su consumo para quienes quieran mejorar su salud vascular y deberán tener precaución aquellas personas que estén bajo tratamiento médico con anticoagulantes. 

GRANADA , FRUTA ESTRELLA DE LA SEMANA

A lo largo de la historia se ha probado la importancia que tiene para nuestro organismo el consumo de las frutas.

Entre ellas se cuenta una muy importante, cuyos referentes mitológicos la han convertido en símbolo de fertilidad, renacimiento y salud: la granada.

Este fruto, originario de Persia, es muy popular por su color , textura y por tener un alto contenido en antioxidantes.

AYUDA A REDUCIR LOS RIESGOS CARDIOVASCULARES

granada

  • Se ha probado que beber diariamente jugo de granada ayuda a normalizar los niveles del flujo sanguíneo hacia el corazón.
  • Sus propiedades antioxidantes impide la formación de coágulos en las arterias.
  • Ingerir granada favorece las defensas del cuerpo para prevenir distintos tipos de enfermedades.
  • Su corteza contiene flavonoides, antioxidantes que combaten eficazmente los radicales libres.

Cuando ingerimos los granos de la granada quitamos la piel y los tabiques leñosos que los separan. Es en estas zonas no comestibles donde la concentración de polifenoles y taninos es mayor. Por eso los zumos son más antioxidantes que los granos aislados. Al exprimir la granada aplastamos los tabiques leñosos y sueltan compuestos antioxidantes que luego ingeriremos.

Así que ya sabes: un buen zumo de granada puede ser muy beneficioso para reponer electronitos, atioxidantes y nutrientes.

FUENTE DE NUTRIENTES

  • La granada es rica en diversas vitaminas esenciales para el cuerpo humano, como son vitamina A, vitamina C, vitamina E y ácido fólico.
  • Al contener altas cantidades de antioxidantes, sirve de apoyo al sistema inmune del organismo.
  • Por su concentración en ácido cítrico y poder depurativo es una buena aliada para las personas con altos niveles de acido úrico en sangre. Favoreciendo la eliminación a través de la orina.

ALIVIA LOS SÍNTOMAS DE LA MENOPAUSIA

 

granada en grano

El extracto de granada se cree muy efectivo para aliviar los síntomas de malestar que acompañan el período de menopausia.

Ayuda a prevenir la anemia, así como a aliviar sus síntomas: mareos, fatigas, debilidad, etc.

En muchos países se le considera un excelente remedio para el cuidado y mantenimiento de la piel, pero también para aliviar inflamaciones y otros trastornos cutáneos.

En cosmética se utiliza para paliar el daño que los rayos ultravioletas del sol causan a nuestra piel, ocasionando la aparición de arrugas. Parece ser que la aplicación tópica de algunos componentes de la granada ( ácido elágico) previene la destrucción del colágeno .

100 gramos de granada nos aportan 7,5 gramos de hidratos de carbono , 34 Kcal , 0.7 gramos de  proteínas y 0,3 gramos de grasas. Casi el 90% de la granada –de su parte comestible, recuerde- es agua.

IDEAS PARA CONSUMIR GRANADA

  • Como postre: bañada en chocolate negro. Es una mezcla antioxidante. Sólo hace falta deshacer el chocolate negro de cobertura y añadir los granos de granada.
  • Aliños: puedes usar los granos enteros o licuar su zumo y mezclar con aceite de oliva, vinagre balsámico y una pizca de sal para condimentar tus platos y ensaladas
  • En zumos, sola o con otras frutas, a media mañana o en la merienda.