Que nuestras emociones decidan lo que comemos, es más habitual de lo que pensamos

A la hora de elegir los alimentos que comemos cada día, no nos fijamos tanto en los beneficios que pueda aportar a nuestra salud en general, sino más bien en el placer que nos va a generar consumirlo.

Una alimentación variada que incluya todos los grupos de alimentos y por tanto de nutrientes, disminuye el deseo intenso de comer algo concreto en un momento determinado

Estos “antojos” no suelen ser de alimentos saludables ya que a nadie se le ocurre comer lentejas cuando se siente aburrido o brócoli en épocas de estrés.

Por el contrario solemos manejar bastante mal el binomio emociones-alimentación, sin darnos cuenta de la importancia que esto tiene por añadidura a nuestra salud física.

El primer paso es identificar el hambre física del hambre emocional

Aunque las diferencias son claras, identificarlas no resulta sencillo cuando se trata de manejar las emociones.

La solución estaría en saber identificar el momento de hambre real de aquel que supone sólo saciar nuestro estado emocional con alimentos poco saludables

Como recomendaciones generales:

-Dejar pasar 10 minutos

-Cambiar de actividad en ese momento para ser conscientes

-Beber un vaso de agua tranquilamente

La ayuda profesional debe contemplarse en cualquier caso.

De esa forma conseguiremos nuestro objetivo principal, no aumentar de peso con alimentos poco saludables y que mantener el bienestar a todos los niveles sea más cercano y real.

En concreto, la vitamina C se mantiene perfectamente hasta 12 horas después de exprimir la naranja

Según justificó en septiembre de 2002 la doctora Patricia Murphy en la revista Journal of The American Dietetic Association, aunque la vitamina C (ácido ascórbico) se oxida con rapidez si se deja el zumo de naranja a temperatura ambiente, la sustancia que se genera, denominada ácido dehidroascórbico, sigue teniendo las mismas propiedades de la vitamina C.

Ya en 2014, una revisión publicada en la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética reconoce que :

“Existe la falsa creencia de que la vitamina C del zumo de naranja casero es poco estable” y se indica, además, que para que se produzca una disminución considerable de esta vitamina hay que recurrir a “condiciones extremas”, como calentar el zumo a 120 ºC.

En cuanto al efecto del tiempo sobre la vitamina, esta misma revisión señala que “la vitamina C se conserva perfectamente en el zumo hasta 12 horas, aunque el sabor puede volverse más amargo”.

Uno de los principales mitos que existen en torno al zumo de naranja es que cura de un resfriado o proceso gripal pero no es así.

En realidad, ayuda y refuerza al sistema inmune, aumenta nuestras defensas, por lo que puede ser clave a la hora de recuperarnos en estos procesos.    

También hay quienes recomiendan beber el zumo a través de una “cañita” o pajita para ayudar a minimizar el contacto con los dientes, y por tanto, prevenir de alguna forma la formación de caries.   

“Un estudio de la Universidad de Leeds, en Reino Unido, muestra que el efecto en el esmalte dental es prácticamente el mismo en el caso de consumir fruta entera o en forma de zumo”

Además el consumo de estas “” resulta debastador para el medio ambiente como ya se está comprobando

Naranjas para zumo

El consumo de zumo de fruta no es perjudicial para los dientes mientras se mantenga una adecuada salud bucodental.

Y por cierto, lo que si se pierde en el zumo de naranja es su aporte en fibra por lo que se recomienda que no se cuele una vez exprimida o mejor aún, tomarlas en gajos.

Al consumir la naranja en gajos, activamos nuestro centro de saciedad, por lo que nos ayudará a saciarnos antes, tomar menos cantidad y a mantener al día nuestros intestinos.

Científicos de la Universidad de Liverpool (Reino Unido) confirman la influencia negativa que tanto los ‘instagramers’ como los ‘youtubers’ pueden tener en la alimentación de los más jóvenes.

Cada vez son más los jóvenes que acceden a internet y redes socales y a una edad también más temprana.

Este análisis, realizado sobre 176 menores de entre 9 y 11 años y publicado en la revista ‘Pediatrics’ tenía como objetivo observar el efecto de la comercialización en las redes sociales de alimentos (saludables y no saludables), a través de las plataformas con ‘influencers’ en la alimentación de los niños.

DESARROLLO:

Los científicos formaron tres grupos aleatorios  a los que mostraron páginas de Instagram y youtube, perfiles con millones de seguidores que incrementaban la credibilidad en su público.

A un primer grupo se le mostró una variedad de bocadillo y alimentos saludables (frutas), a un segundo grupo no saludables como galletas o chocolate y a un tercer grupo denominado “de control” productos no alimenticios como ropa y deporte.

RESULTADO:

Aquellos que observaron productos no saludables consumieron un 32 % más de calorías en bocadillos poco saludables y un 26 % más de calorías totales (de bocadillos saludables y no saludables), en comparación con los niños que vieron las imágenes de no alimentos.

Los autores determinan que  la comercialización por parte de ‘influencers’ de alimentos poco saludables incrementa la ingesta inmediata de estos alimentos por parte de los niños, mientras que la promoción de alimentos saludables no tiene tal efecto.

Reconocen que las marcas buscan relaciones promocionales con ’influencers’ debido a su alcance y la confianza que los seguidores tienen en ellos.

Los niños tienen derecho a participar en medios digitales y un derecho a la protección de la salud pero también se necesitan restricciones más estrictas en torno al marketing digital de alimentos poco saludables a los que se exponen a diario.

Y ahora la pregunta es:

¿Sabemos a quién siguen nuestros hijos en redes sociales?.

Teniendo en cuenta el impacto que puede tener en sus vidas, no estaría mal hacer un repaso a redes junto a ellos y hacerles cuestionar lo que ven y comparten en ellas.

Cultivar en ellos una mentalidad crítica para que aprendan a distinguir sobre lo que es o no correcto también en internet.