La primera evidencia sobre la existencia del colesterol se la debemos al fisiólogo y anatomista Poulletier de la Salle, quien en 1769 aisló una sustancia de carácter “aceitoso” de la vesícula biliar en cadáveres.

El colesterol es el tercer tipo de lípido en importancia cuantitativa en las membranas de las células animales, donde contribuye a mantener la fluidez de esta membrana y favorece distintas reacciones en el organismo.

¿DÓNDE SE PRODUCE EL COLESTEROL?

EL FACTOR GENÉTICO TAMBIÉN ES IMPORTANTE

Una parte importante del colesterol de nuestro organismo se produce en el hígado.

El resto es aportado a través de la dieta y del colesterol presente en la bilis, parte del cual se vuelve a absorber en el intestino.

COLESTEROL ¿BUENO O MALO?

El colesterol es insoluble en los medios acuosos, por lo que se transporta en unas moléculas llamadas lipoproteínas.

Existen dos tipos diferentes para trasportar el colesterol en la sangre:

Lipoproteínas de baja densidad o LDL, que también se conocen como colesterol “malo”.

Son las encargadas de transportar el colesterol a los tejidos para su utilización, incluyendo las arterias. La mayor parte del colesterol en sangre es colesterol LDL (c-LDL).

Lipoproteínas de alta densidad, o HDL, también conocidas como colesterol “bueno”.

Son las encargadas de recoger el colesterol de los tejidos y transportarlo al hígado para su eliminación a través de la bilis.

NIVELES DE COLESTEROL Y PREVENCIÓN

VIGILAR LA ALIMENTACIÓN Y EL EJERCICIO FÍSICO, ES FUNDAMENTAL PARA EQUILIBRAR LOS NIVELES DE COLESTEROL EN SANGRE

El nivel de colesterol elevado en sangre es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, junto con el tabaco, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus, al igual que una deficiencia de colesterol también puede provocar distintos problemas de salud, menos conocidos en nuestro entorno.

Debemos apostar siempre por alimentos frescos, cargados de lípidos de calidad.

Alimentos como pescados azules, aceite de oliva virgen extra, aguacates, frutos secos tostados ( no fritos ni aderezados), para que nuestras células puedan funcionar correctamente y evitemos caer en enfermedades totalmente evitables.

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