Los datos de evolución desde los años 60 no dejan lugar a dudas. Nuestra dieta se ha modificado notablemente en los últimos 40 años, alejándose en parte del modelo tradicional de la Dieta Mediterránea

Con el paso de los años, nuestra famosa y reconocida dieta mediterránea , cargada de cereales, legumbres y alimentos frescos, ha dejado paso a otros muchos menos saludables.

Esto ha llevado a la población a padecer multitud de enfermedades relacionadas con una alimentación de calidad inferior y similares a los países de su entorno social y económico.

Problemas cardio y/o cerebro-vasculares, cáncer, obesidad, diabetes, hipertensión arterial etc.

Sin embargo, según muestran los datos del estudio DAFNE, aun seguimos teniendo elevados consumos de pan, verduras, frutas, legumbres, pescados y aceites vegetales (principalmente oliva) que otros países del centro y norte de Europa, aunque también mayores de carnes y derivados

CADA OVEJA CON SU PAREJA

Otro de los grandes problemas presentes en la sociedad y que repercute negativamente en el estado y la educación nutricional, es la aparición constante de falacias, mitos, creencias irracionales sobre nutrición y alimentación, además de dietas y productos “mágicos” que pueden llegar a poner en peligro la salud de aquellos que personas que las siguen

Por todo ello es de vital importancia no dejarse llevar por los «cantos de sirena», promesas irreales y dietas milagro y confiar en los profesionales sanitarios (Dietistas y Dietistas nutricionistas) que promueven hábitos de vida saludables, sostenibles, económicos y al alcance de todos.

El ejemplo comparativo es simple. Si no vamos a la modista para hacernos una ortodoncia, ni le pedimos al barbero que nos dispense un jarabe, tampoco debemos confiar nuestra salud dietética en quienes quieren ayudarnos a llevar una mejor alimentación según su criterio personal y sin más herramientas que su buena intención en el mejor de los casos

Recuerde siempre confiar su salud al profesional adecuado a cada especialidad.

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