Puede parecer que no, pero seguro que si miras en la despensa encuentras algunos alimentos funcionales

La población selecciona para su consumo habitual alimentos funcionales porque busca en ellos un nivel de protección de su salud mayor del que le pueden aportar los alimentos convencionales.

Un alimento funcional está enriquecido en determinados nutrientes o presenta reducción de algunos componentes o sustitución por otros nutrientes más favorables para la salud y siempre a partir de consumos normales.

Los alimentos funcionales no son fármacos pero si tienen un perfil nutricional muy interesante, en especial, para determinados grupos de población o en situaciones concretas como embarazo, menopausia y personas mayores.

Por resumir de manera breve, un alimento para ser considerado funcional por las autoridades sanitarias, debe cumplir una serie de requisitos:

  • Ser un alimento convencional cotidiano
  • Ser consumido como parte de un régimen normal
  • Estar compuesto de ingredientes naturales y no sintéticos, a concen-traciones no encontradas en la naturaleza o presentes en los alimentos que normalmente no los contienen
  • Tener efectos positivos sobre una o dos funciones claras, además del valor nutritivo, siendo estos efectos el poder aumentar el bienestar y la salud o reducir los riesgos de enfermedad o aportar un beneficio para la salud

Si en vez de hablar de alimentos funcionales lo hacemos sobre la base de lo que conocemos, igual todo esto te suena un poco más.

Conocemos y utilizamos las expresiones que acompañan a los alimentos funcionales: aumenta las defensas del organismo, favorece la inmunidad, reducen el colesterol, ayuda a controlar la hipertensión, aporta antioxidantes, tienen lactobacilos, omega-3, isoflavonas, fitoesteroles, ácidofólico etc. De entre los alimentos funcionales los «bio» son los más conocidos y utilizados

Actualmente desde el Parlamento Europeo se está haciendo un gran esfuerzo legislativo para regular la información y publicidad de los alimentos que incluyen las empresas agroalimentarias como forma de difundir sus propiedades y estimular la compra.

El número de productos que aparecen en los mercados bajo la denominación de funcionales, por sus propiedades añadida ha aumentado y sigue creciendo dada la buena acogida del consumidor.

Por todo ello hay que conseguir que la información que se indique en supublicidad y etiquetado sea rigurosa y se ajuste a la realidad sin exagerar los beneficios y las ventajas para la salud que pueden obtenerse de su consumo.

La importancia de una buena legislación puede hacer que como consumidores estemos tanquilos de lo que estamos comprando hasta que nos encontramos con un libro. «vamos a comprar mentiras» de José Manuel López Nicolás, catedrático de bioquímica y biología molecular de la universidad de Murcia y divulgador, quien sabe poner los puntos y las comas para quienes quieran oir.

Si tienes tiempo este verano hazte con un ejemplar para que conozcas más sobre publicidad y alimentos funcionales, porque tato este libro como otros del autor sobre alimentación no tienen desperdicio..

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